A veces me resulta muy duro el no poder confortar en su tristeza a mis seres queridos, ante situaciones en las que ninguno tenemos el control, en las que no puedo detener su proceso de dolor, y en las que, de una u otra forma, tocan mis propios dolores.
Ante ello, lo único que puedo hacer es pedir que los bendiga Dios, mandarles un abrazo fraterno y levantar por todos ellos una oración...
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