Pasa el tiempo, la vida, las cosas. Sigo creciendo, desarrollándome, experimentando, sin embargo, el dolor no se va, es como vivir con una espinita clavada, punzante, ardiente, que no se termina de retirar y que sigue doliendo, doliendo, doliendo. Y sólo con la soledad se calma el padecer. Ya no se que es vivir sin desasosiego y la verdad, no se si me acostrumbraría a ello.
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