sábado, 24 de marzo de 2012

Contribución

Amo mi trabajo, en verdad, me llena, me satisface, es mi vocación. Sin embargo, a veces, muchas en los últimos momentos, a decir verdad, me pregunto si lo que hago realmente contribuye en algo a los jóvenes que, por azares del destino, se convierten en mis alumnos por unos momentos. Y esto sale a la luz por diversas cosas, entre ellas el momento personal que estoy viviendo, de reacomodo, duelo y cambios en general, lo que, en ocasiones, me resta algo de objetividad. Pero, por otro lado, el ver que, como en la televisión, los alumnos están mas concentrados en "aparentar" que las cosas están bien, en "parecer" o "lucirse", me hace cuestionar si los rollos que les tiro a los jóvenes realmente sirven de algo, o si, por destino y crecimiento, ya se enfrentarán a la realidad, en la que, o eres competitivo, o te comen en mandado, por muy bonito, atractivo, divertido que seas.
Mi labor como docente, creo yo, va mas allá, o por lo menos eso pretendo, crearles conciencia a los alumnos, amor por su carrera, inculcarles valores... quizá es mucha soberbia de mi parte, y  mi contribución tenga que ser menor, ¿o no? Al fin de cuentas, cada persona es libre de tomar sus propias decisiones, llevar su vida como quiera y caminar a su manera. Yo lo hago a la mia, y bueno, lo que hagan los alumnos, también lo tengo que entender y respetar, es parte de su proceso de vida. Pero yo muchas veces hubiera querido que me dijeran por dónde si y por dónde no meterme, o será que me dijeron, y como los jóvenes de hoy, no me di la oportunidad de escuchar...

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